¿Cómo fortalecer tu fe y ver más allá de las circunstancias?

Querida amiga, hoy quiero recordarte que la fe es un músculo que, al igual que nuestros músculos físicos, necesita ser ejercitado para crecer y fortalecerse. Te invito a reflexionar sobre cómo está el músculo de tu fe. ¿Está fuerte o débil? ¿Estás dedicando tiempo cada día para entrenar tu fe y hacerla más robusta? La realidad es que nuestra fe puede debilitarse o fortalecerse, y todo depende de nosotros.

En Romanos 4:17-21, encontramos un poderoso ejemplo en la vida de Abraham. Dios le hizo una promesa extraordinaria: ser padre de multitudes. Imagina lo que eso significaba para un hombre de avanzada edad, que ya no podía tener hijos, y para su esposa Sara, que era estéril. A pesar de las circunstancias naturales que enfrentaban. 

Dios cambió el nombre “Abram” que significa “padre exaltado” a “Abraham” que significa “padre de multitudes” o “padre de naciones”. Este cambio simboliza el nuevo propósito y la promesa que Dios tenía para él, que sería el progenitor de muchas naciones, lo que le exigía declarar y creer en lo que aún no estaba sucediendo. Este cambio de nombre también simboliza el poder de nuestras palabras, que son semillas que, cuando se siembran correctamente, producen un fruto. Por eso es tan importante que escuchemos la Palabra de Dios para que nuestra fe crezca y se fortalezca. ¿Te imaginas que cada vez que se mencionaba el nombre de Abraham estaba siendo declarado su propósito desde la eternidad?, se le estaba declarando las cosas que no son como si fuese ¡Padre de multitudes! 

La promesa de Dios a Abraham nos lleva a una reflexión profunda: ¿qué promesas ha hecho Dios en tu vida? ¿Qué estás esperando de Él? Las promesas de Dios pueden parecer imposibles ante las realidades naturales que enfrentamos. Abraham, a sus 90 años, con un cuerpo que parecía muerto, y con Sara, su esposa, incapaz de tener hijos, se enfrentó a una situación abrumadora. Sin embargo, el versículo 18 nos dice que “creyó en esperanza contra esperanza”. Esto significa que Abraham eligió creer en la promesa de Dios, a pesar de que su realidad era totalmente contraria.

Es importante recordar que tu fe puede debilitarse si te enfocas demasiado en lo que ves y sientes. La lógica puede hacernos dudar de las promesas de Dios. A menudo, nos encontramos razonando por qué algo no puede suceder, basándonos en las circunstancias a nuestro alrededor. Pero como Abraham, debemos aprender a no debilitarnos al considerar las realidades naturales. Esto no significa que debamos negar la realidad; más bien, se trata de elegir aferrarnos a la verdad absoluta que Dios nos ha dado, por encima de la realidad.

La fe se fortalece cuando damos gloria a Dios por lo que hemos recibido y lo que estamos por recibir. Abraham no dudó, sino que se fortaleció en fe. Y esta es una lección crucial: nuestras alabanzas pueden alimentar y fortalecer nuestra fe. Es vital rodearse de mensajes y enseñanzas que edifican nuestra fe, que nos ayuden a madurar y crecer. Cuando enfrentamos situaciones que parecen imposibles, es en esos momentos donde más debemos elevar el volumen de nuestra fe y declarar las promesas de Dios con total confianza.

La Palabra de Dios es una herramienta poderosa para mantener nuestra fe firme. Si decides escuchar y meditar en ella, verás cómo tu fe se fortalece. Recuerda que la fe viene por el oír y el oír la Palabra de Dios. La intimidad con Él y la comunión constante son esenciales para que tu fe crezca y se mantenga fuerte. Así como Abraham, que se mantuvo seguro a pesar de las circunstancias, tú también puedes permanecer firme en lo que has creído y confiar en que Dios cumplirá su palabra.

Cuando decides fortalecer tu fe, y cuando, a pesar de las adversidades, mantienes tu confianza en lo que Dios te ha prometido, estás alineándote con la voluntad de Dios. Él es poderoso para hacer lo que ha prometido, y esa certeza debe ser la base de nuestra fe. A medida que aprendes a declarar lo que Dios ha prometido en tu vida, puedes enfrentarte a cualquier desafío con una confianza renovada. Sin embargo, la principal causa para que tu fe se debilite es la duda, así que es importante recordar lo que dice el libro de Santiago 1:6-8: “Pero debe pedirle a Dios con fe, sin dudar nada. El que duda es como una ola del mar que el viento se lleva de un lado a otro. No sabe lo que quiere, por lo tanto, no debe esperar nada del Señor, pues el que duda es inestable en todo lo que hace”

Así que, si en este momento tu fe parece estar debilitada, recuerda que el Señor ha traído este mensaje para que te levantes y fortalezcas. A pesar de lo que veas o escuches, abre tu corazón y elige creer en las promesas de Dios. Agradece a Dios por lo que has recibido y por lo que está por venir. Dile que estás convencido de que Él es capaz de hacer mucho más de lo que piensas o imaginas. Comienza a glorificar a Dios en lugar de hablar de tus problemas.

Es fundamental que hables y declares lo que deseas ver en tu vida. Escribe tus sueños y las promesas de Dios en un lugar visible. Apóyate en la Escritura para fortalecer tu fe, y no dudes en compartir este mensaje con otros. Así, no solo fortalecerás tu vida, sino que también serás un instrumento de bendición para aquellos que te rodean, ayudándoles a creer y confiar siempre en nuestro Dios todopoderoso.

OREMOS JUNTAS: 
Querido Padre Celestial, te pido que me des tu dirección en el camino para fortalecer mi fe y ver más allá de las circunstancias que me rodean; ayúdame a entregar cada preocupación, duda y temor que intente debilitar mi fe en Ti, y te doy gracias anticipadamente por el cumplimiento de tus promesas en mi vida, en el nombre de tu Hijo amado Jesús. Amén