¡Queridas amigas!
Hoy quiero hablar de algo que es crucial en nuestra vida diaria: las distracciones, las ocupaciones y cómo podemos aprender a diferenciar entre lo que es bueno y lo que es mejor.
Primero quiero agradecer a Dios por permitirme estar aquí, por cada una de ustedes que se conecta con este espacio. ¡Gracias por estar al tanto de cada blog que semana tras semana viene directo del corazón de Dios! La palabra tiene un poder maravilloso, puede transformar la atmósfera de tu hogar, de tu corazón y de tu vida entera.
A veces, los ambientes se vuelven pesados, sobre todo después de discusiones familiares o tensiones en casa. Pero antes de compartirte el tema de hoy, quiero recordarte que tienes en tus manos una llave del Reino poderosa que puede cambiar todo eso: la alabanza. Si estás atravesando un momento difícil, coloca música cristiana, comienza a adorar a Dios, y verás cómo el ambiente cambia. La palabra de Dios y la adoración tienen el poder de transformar tu estado de ánimo y restaurar la paz en todas las áreas de tu vida y en tu hogar.
Escoger lo Mejor: La Lección de Marta y María
Hoy quiero hablar de un pasaje bíblico que ha tocado profundamente mi corazón, y que sé que también puede ser de bendición para ti. En Lucas 10:38-42, vemos la historia de dos hermanas, Marta y María, que recibieron a Jesús en su casa. Jesús, como siempre, venía con sus discípulos y comenzó a enseñarles. Marta, llena de responsabilidades, se preocupaba por atender a todos los invitados, servirles comida y bebida. Mientras tanto, su hermana María se sentó a los pies de Jesús, escuchando su enseñanza.
Marta, sintiéndose abrumada, fue a quejarse con Jesús y le pidió que le dijera a María que la ayudara. Pero Jesús le respondió algo sorprendente: “Marta, Marta, estás afanada y preocupada por muchas cosas, pero solo una cosa es necesaria. María ha escogido la mejor parte, que no le será quitada” (Lucas 10:41-42).
La lección aquí es profunda. Marta estaba haciendo algo bueno: estaba atendiendo a sus invitados, preocupándose por el bienestar de los demás. Pero María escogió lo mejor, que era estar con Jesús, escuchando su palabra. Jesús no decía que lo que Marta estaba haciendo era malo, sino que lo que María estaba haciendo era mejor. La diferencia está en las prioridades: a veces, en nuestra vida diaria, nos ocupamos de tantas cosas buenas, pero olvidamos lo mejor: pasar tiempo con Dios, escuchar su voz y ser ministradas por Él.
Vivimos en un mundo lleno de distracciones y ocupaciones. Las tareas del hogar, el trabajo, la familia, y nuestras responsabilidades pueden hacernos sentir como si estuviéramos corriendo sin parar. Pero debemos aprender a identificar cuando estamos perdiendo de vista lo mejor. A veces, nos enredamos en hacer cosas que son “buenas”, pero que no nos acercan al propósito que Dios tiene para nosotras.
En 1 Timoteo 4:15, el apóstol Pablo le dice a Timoteo: “Ocúpate en estas cosas, permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos”. Pablo nos anima a enfocarnos en lo que realmente importa, lo que nos ayudará a cumplir nuestro propósito y a crecer en nuestra relación con Dios. ¿Estamos dedicando tiempo a lo que realmente edifica nuestra vida y nuestro futuro? ¿O estamos tan ocupadas con lo bueno que nos olvidamos de lo mejor?
Es importante recordar que ser “ocupada” no siempre significa ser productiva. De hecho, muchas veces el estar constantemente ocupada nos roba el tiempo que podríamos dedicar a lo mejor: nuestra relación con Dios, nuestras familias y las cosas que realmente nos edificarán y nos acercarán a nuestro propósito.
Mi esposo, en una conferencia hace muchos años, me enseñó algo que nunca olvidaré: “Estar ocupado no siempre es ser productivo”. Podría estar corriendo de un lado a otro, ocupada con mil tareas, pero si no estoy enfocada en lo que realmente importa, solo me estaré cansando sin llegar a ningún lado.
Para poder escoger lo mejor, necesitamos la guía de Dios. En medio de nuestras ocupaciones y responsabilidades, es esencial preguntar a Dios: “Señor, ¿qué deseas que haga hoy? ¿Cómo puedo honrarte y cumplir con mi propósito?” Al hacer esto, seremos más sensibles a Su dirección y podremos reconocer cuándo las distracciones están apartándonos de lo que Él realmente quiere para nosotras.
Como dice Proverbios 10:22: “La bendición del Señor es la que enriquece, y no añade tristeza con ella.” La verdadera bendición viene de vivir en armonía con el propósito de Dios, no solo en nuestras finanzas o éxito temporal, sino en todas las áreas de nuestra vida.
Cuando elegimos lo mejor, cuando nos ocupamos de lo que realmente importa, Dios promete bendecirnos. En Éxodo 23:25, Dios nos dice: “Al Señor vuestro Dios serviréis, y Él bendecirá tu pan y tus aguas, y quitará toda enfermedad de en medio de ti.” Esta es una promesa poderosa: cuando nos enfocamos en lo que es importante y lo que es lo mejor, Él se encarga de todas nuestras necesidades y nos bendice en todo lo que hacemos.
Hoy te invito a reflexionar sobre las decisiones que estás tomando en tu vida. ¿Estás eligiendo lo que es bueno, o estás eligiendo lo que es mejor? No te dejes atrapar por las distracciones. Haz tiempo para lo mejor: tu relación con Dios, tu familia, tu propósito y tu crecimiento personal. Al hacerlo, verás cómo Dios no solo te bendice, sino que también te da la paz y la dirección que necesitas para avanzar en todas las áreas de tu vida.
Recuerda, sólo la bendición de Dios es la que enriquece verdaderamente. Y lo mejor de todo es que esa bendición no añade tristeza, sino gozo, paz y satisfacción.
Gracias por leer y por acompañarme en este tiempo de reflexión. Si este mensaje ha sido de bendición para ti, te animo a compartirlo con otras mujeres, para que más personas puedan recibir esta palabra que transformará sus corazones.
OREMOS JUNTAS:
Amado Dios, gracias por tu amor y por tu presencia en mi vida. Hoy vengo ante ti reconociendo que en medio de tantas distracciones y ocupaciones, a veces me cuesta saber qué es lo mejor para mí. Pero tú eres la fuente de toda sabiduría, y confío en que me guiarás en este proceso de elegir lo que realmente importa, que mis decisiones agraden tu corazón es lo que anhelo.
Te pido, Señor, que me des un corazón dispuesto a escuchar tu voz y una mente clara para reconocer las decisiones que me acercan a Ti y a tu propósito. Ayúdame a discernir entre lo bueno y lo mejor, a no dejarme llevar por la ansiedad o las preocupaciones del día a día, sino a encontrar descanso en tu presencia y en tu palabra.
Gracias, Señor, por tu dirección y por tu paz que sobrepasa todo entendimiento. Sé que, al caminar en tus caminos, siempre experimentaré tu bendición en cada paso. En el nombre de tu hijo amado Jesús, Amén.
¡Bendiciones, y nos vemos en el próximo blog!