Es tiempo de ALABAR y CELEBRAR

Leer: Lucas 1:44  

La Navidad, puede convertirse en un torbellino de actividades y reuniones, de alimentos para hornear y regalos para comprar.

La iglesia, la vida familiar, los amigos, todo se vuelve tan ocupado y en medio de este ajetreo y habiendo hecho todas estas cosas durante tantos años, hemos perdido algo del asombro y la adoración de lo que realmente se trata la Navidad.

Es por eso, que quiero compartir con ustedes un versículo clave para este tiempo,  Lucas 1:44, cuando un pequeño bebé dentro del vientre “saltó” al encontrarse muy cerca de Dios encarnado: “Te digo que tan pronto como llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de alegría la criatura que llevo en el vientre”.

Saltos, brincos, esa fue la reacción de Juan el Bautista, el hijo aún por nacer de Elisabet ante la llegada de una jovencita embarazada a la casa de la mujer mayor.

Él “saltó de alegría” (Lucas 1:44) alegría por lo que Dios estaba haciendo para lograr la redención de Su pueblo. 

La oscuridad se estaba convirtiendo en luz. 

La muerte se estaba convirtiendo en vida. 

La desesperación se estaba convirtiendo en esperanza. 

Después de 400 años de silencio, finalmente se volvería a escuchar la voz de Dios. 

El Dios grande y glorioso, ante quien los ángeles se cubrieron el rostro, venía a la tierra en forma de hombre. El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad (Juan 1:14, NBLA).

Eso es algo por lo que podríamos saltar de alegría, como proclama el himno conocido:

¡Al mundo paz, nació Jesús!
¡Nació ya nuestro Rey ¿no debería brotar alegría en cada uno de nuestros corazones por lo que Dios hizo por el mundo?

¡Te invito hoy en este día tan especial, a que celebremos el gran nacimiento de nuestro Señor Jesucristo!