La Alabanza, un Lenguaje de Amor

Leer: Salmo 150:1-2

“¡Alabado sea Dios en su templo! ¡Alabado sea en la majestad del firmamento! ¡Alabado sea por sus proezas! ¡Alabado sea por su imponente grandeza!” (Salmo 150:1-2) 

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 145:1-21 

En momentos difíciles, la alabanza trae refrigerio a nuestro corazón. Nuestras palabras, mezcladas con hermosas notas musicales (fruto de labios que confiesen su nombre), llegan a los oídos de Dios, y traen bendición y liberación a nuestras almas (Hebreos 13:15).

En los salmos, sin duda, el himnario de la iglesia primitiva, descubrimos una impresionante descripción de ese Dios que merece nuestra alabanza y adoración. El salmo 150 nos ilustra sobre cómo alabar a Dios:

  • En su templo: Nos habla del lugar en donde debemos exaltarle
  • En la majestad del firmamento: Por su grandeza y la manera hermosa como ha creado el universo
  • Por sus proezas: Él nos ha hecho vencedores ante todas las batallas a las cuales nos enfrentamos cada día
  • Por su imponente grandeza: Su esplendor nos motiva a levantar la voz, reconociendo sus prodigios, milagros y señales.
  • ⁠¿Con qué se alaba a Dios?: Con bocinas, con salterio y arpa, con pandero y danzas, con cuerdas y flautas, con címbalos resonantes, y con címbalos de júbilo.

El saber que todo fue creado para nuestro bienestar, nos lleva a alabarle espontáneamente. La alabanza nos conduce a la intimidad con Dios, a disfrutar de su grandeza, y como consecuencia, nos deleitaremos en sus manifestaciones. Haz hoy, de la alabanza, ese lenguaje de amor que te permita acercarte a Él y disfrutar de la plenitud de su Presencia.

OREMOS, HABLEMOS CON DIOS 
“Te alabo Dios porque grandes son tus obras, toda la creación cuenta de tus maravillas. Cuanto más te alabo, más disfruto de tu Presencia y se hace más grande mi anhelo de intimar contigo, de agradarte y conocerte. Gracias porque ese fue tu plan para mi vida, Amén”