UNA FAMILIA UNIDA A DIOS, ES BENDECIDA Y FORTALECIDA

Leer: Deuteronomio 28:1-14
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Una familia de bendición, como la que Dios concibió para cada ser humano sobre la tierra, es aquella que se construye día a día, comprometiéndose, luchando, creyendo; pero, ante todo, llevando a cada uno de sus miembros a vivir unidos a Dios.

No existen fórmulas mágicas dentro de la vida cristiana, lo que existen son principios dados por Dios, que al aplicarlos en cualquier situación, época o cultura, dan fruto; aquellos principios que le enseñara el rey David a su hijo Salomón: “Guarda los preceptos del Señor tu Dios, andando en sus caminos, y observando sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas.” 1 Reyes 2:3

Todo empieza aquí, en la unidad con Dios, con Su Palabra, con Su voluntad.

Si la familia gira en torno a Jesús, valdrá la pena todos los esfuerzos que se realicen, pues se tendrá un fruto abundante y permanente; pero, si por el contrario, gira en torno a sus caprichos o a sus costumbres darán resultados parciales y perecederos.

Pero, cómo se logra esa unidad con Dios? Empieza cuando el hombre, la mujer y los hijos tienen su encuentro personal con Jesucristo. A partir de este momento comienza una especial relación con el Padre, con el Dios que promete bendecir nuestras familias.

Esta relación va creciendo por medio de la oración hasta llegar a una sólida comunión.

Recuerda: Enseñar y mantener esta verdad en la familia es lo más valioso para nuestros hijos que cualquier riqueza material.

¡Cuán importante es sentir a Dios en nuestra vida diaria!