Del dolor a la victoria

Querida amiga si hoy te encuentras pasando por un tiempo difícil, un tiempo de prueba y quizás sientes que estás en el valle del sufrimiento, el valle del dolor, hoy quiero darte una palabra de parte de Dios. Mira lo que te dice el Señor a ti en este día:

“…Hoy mismo prometo que les daré dos bendiciones por cada dificultad”.

(Zacarías 9:12 NTV) 

¡Wow! ¡Dios promete darnos “dos bendiciones por cada dificultad” que enfrentemos! Esta promesa es para hoy, no para mañana, porque Él es el “Gran Yo Soy”, y esto realmente me impacta porque Él no es “El Gran Yo fui”, ni “El Gran Yo Seré”, Él es el “Gran Yo Soy” quien está presente en cada momento de nuestra vida.

Dios va a derramar una doble bendición por cada dificultad que tú estés atravesando. No sé cuál es la dificultad en la que ahora te encuentras, tal vez sean problemas económicos, familiares o personales. Cuando nos sentimos impotentes de no poder hacer nada es cuando más debemos confiar en la palabra de Dios que es como un ancla en nuestras vidas, nos permite encontrar consuelo y esperanza para mantenernos firmes en medio de la prueba.  

Al transitar por el valle del dolor, podemos sentirnos atrapadas y desoladas, sin embargo, es crucial mantener la fe y confiar en las promesas de Dios. La Biblia nos enseña que, en medio de la adversidad, podemos ser transformadas del valle de la angustia al valle de los ganadores.

Dice 1 Samuel capítulo 17: 1-2 que Saúl acampó en el valle de Ela y el significado de la palabra Ela es: Valle de los Ganadores. Así que Dios te quiere mudar al valle de Ela, de los ganadores.  Todo dolor, todo sufrimiento, toda prueba, todo ataque, todo desánimo, toda ansiedad, toda frustración, el Señor dice que te va a dar dos bendiciones por cada dificultad que tú estés atravesando. ¡Esto es una hermosa promesa!.

Yo declaro que tú eres una ganadora, que tienes sangre de campeón, porque hay un nuevo ADN, hay una nueva genética que Dios ha impregnado en tu vida desde que le abriste tu corazón y le entregaste tu vida. Hay un paquete de bendiciones que tienen tu nombre y es importante que reconozcas que ese dolor, no viene de parte de Dios, porque todo lo bueno, es lo que proviene de Dios, toda buena dádiva, todo don perfecto desciende de Dios. Por lo tanto, no te conformes, no te acomodes al proceso, no lo abraces, no lo recibas y comienza a declarar lo que dice la palabra, vamos a llamar las cosas que no son como si fuesen. Ya el problema está, es una realidad, pero lo tienes que hacer es confrontarlo con la verdad de Cristo, que es mayor. No sigas alimentando el problema sino aliméntate de la palabra viva de Dios que es constante y verdadera. La fe y el conocimiento de las escrituras nos permiten enfrentar los desafíos con una perspectiva de victoria y crecimiento personal.

Dios ha pagado el precio por nuestra sanidad, paz y bienestar. Es fundamental que reconozcamos que nuestras dificultades no provienen de Dios, sino que Él quiere bendecirnos y restaurarnos. A medida que crecemos en conocimiento y fe, podemos reclamar la herencia y las bendiciones que Él ha preparado para nosotros.

Te animo a compartir este mensaje de esperanza y restauración con quienes puedan estar atravesando momentos difíciles. La Palabra de Dios es un tesoro que proporciona fuerza y paz, y al compartirlo, puedes ser el instrumento de consuelo y esperanza para otros.

Pero antes, OREMOS JUNTAS: 
Padre Celestial, en este momento de dificultad, te busco con el corazón humilde y lleno de fe. Tú conoces mi dolor y mis luchas, y confío en que tu amor y tu sabiduría me guiarán. Te pido que me des dirección y claridad en medio de la tormenta, para que pueda discernir el camino que Tú has preparado para mí.
Recibo la fortaleza que viene de tu Espíritu Santo, al guiarme en cada proceso. Renuevo hoy mis pensamientos en Cristo Jesús, y declaro que en ti se encuentra toda mi esperanza. Ayúdame a mantenerme firme en la fe, a no desmayar y a recordar que tú estás conmigo en cada paso. Enséñame a ver la luz en la oscuridad y a abrazar la victoria que tú has prometido a quienes te aman.
Te agradezco por tu constante presencia y por las bendiciones que están por venir. Confío en que, a través de esta prueba, seré transformada y guiada hacia un futuro lleno de gracia y favor. 
En el nombre de Tu Hijo Jesucristo, ¡amén!