Querida amiga, me alegra que estés aquí hoy, porque este es un tema que sé que tocará tu corazón. A lo largo de los años he recibido muchas preguntas sobre este asunto: ¿Debemos honrar a nuestros padres, solo cuando ellos han sido buenos con nosotras? Y la verdad es que, aunque la respuesta no es sencilla, quiero compartirte lo que la Escritura nos enseña y cómo podemos aplicar esto a nuestras vidas, incluso cuando nuestros padres han sido ausentes o no han cumplido con sus roles de amor y cuidado.
Sabemos que, en la Biblia, específicamente en los Diez Mandamientos, se nos ordena “Honra a tu padre y a tu madre” (Éxodo 20:12). Este es un mandamiento claro, pero lo que me llama la atención es que es uno de los pocos mandamientos que viene con una promesa: “Para que te vaya bien, y tengas larga vida sobre la tierra.” (Efesios 6:2-3).
Dios nos dice que honrar a nuestros padres no es solo una cuestión de actitud, sino que tiene un propósito divino: para que todo te salga bien y para que tengas una vida larga y plena. Es un mandamiento con promesa. Y aquí está lo importante: no dice “honra a tu padre y a tu madre solo si ellos han sido buenos contigo”, ni tampoco “honra a tus padres solo cuando te hayan dado lo que esperabas”. No, la orden es clara: honrarlos es una acción que debemos tomar, independientemente de cómo nos hayan tratado.
Es comprensible que muchas mujeres, como tú, se pregunten cómo pueden honrar a un padre ausente o a una madre que no estuvo presente de la forma en que se necesitaba. Quizás fuiste rechazada, tal vez tus padres se distanciaron emocionalmente de ti, o incluso uno de ellos te abandonó. Puede ser muy doloroso pensar en la idea de honrarlos después de todo lo que viviste.
Pero déjame decirte algo: honrar no significa que debes ignorar el daño que te hicieron o que debes seguir permitiendo que te lastimen. No se trata de olvidar, ni de hacer como si nada hubiera pasado. Lo que se nos llama a hacer es tomar una decisión de perdonar y actuar en obediencia a lo que Dios ha mandado, porque la promesa que Él nos da es para nosotras, no para ellos.
Honrar es, en gran parte, una decisión. Es una actitud de corazón, una elección de mostrar respeto y amor, incluso cuando no lo recibimos de vuelta. Y esa actitud de honrar puede manifestarse de muchas maneras: si tienes la oportunidad de ayudar a tus padres, ya sea en lo físico, emocional o en lo espiritual, ese es un acto de honra, ¡no dudes en hacerlo!
¡ES NECESARIO PERDONAR!
Un testimonio que ha impactado mi vida profundamente es acerca de la pastora y escritora Joyce Meyer, ella ha hablado abiertamente sobre su infancia marcada por el abuso y el rechazo por parte de su propio padre. A lo largo de su vida, Joyce sufrió muchísimo debido al comportamiento de sus padres, pero llegó a un punto donde decidió perdonar. Ella pudo honrar a sus padres a pesar de todo lo que había vivido, y aún más, los cuidó en su vejez, ayudándolos financieramente y en todo lo que pudieran necesitar. Como resultado de su obediencia, Dios restauró su vida, y hoy ella es una mujer tremendamente bendecida, con un ministerio que ha tocado miles de vidas.
Lo que quiero que entiendas es que perdonar y honrar no significa olvidar lo que te hicieron. Joyce Meyer nunca olvidó su dolor, pero decidió no permitir que ese sufrimiento la controlara. Al obedecer el mandamiento de honrar a sus padres, aunque sus padres no lo merecieran, Dios la bendijo, y le ha dado una vida plena y fructífera.
Sé que esto no es fácil, y más aún cuando el dolor es profundo. Pero, te invito a reflexionar: ¿Qué es lo que más deseas para tu vida? ¿Vas a seguir dejando que el resentimiento controle tu corazón, o vas a decidir honrar a tus padres para que la promesa de Dios se cumpla en tu vida? La promesa de larga vida y bendición no es una palabra vacía, es una garantía para aquellas que eligen honrar.
Y no olvidemos que, si somos madres, debemos ser conscientes de lo que transmitimos a nuestros hijos. No podemos permitir que el odio o el rencor hacia nuestros propios padres se conviertan en raíces de amargura en el corazón de nuestros niños. Es nuestra responsabilidad guardar su corazón y enseñarles a perdonar, a no hablar mal de sus padres, ni a sembrar odio. Si no queremos que ellos arrastren esas cargas, debemos enseñarles a perdonar, aunque nos cueste.
Querida amiga, quiero que sepas que no estás sola en este proceso. El Espíritu Santo está aquí para ayudarte. Él es nuestro consolador y nuestro guía, y Él te dará la fuerza que necesitas para perdonar, para sanar esas heridas y para honrar a tus padres, aunque te cueste. La obediencia a Dios traerá frutos de paz y restauración a tu vida.
Te invito a que le pidas a Dios misericordia por tus padres, aunque ellos no hayan hecho lo que debían. Y también pídele que te libere de todo rencor, de todo deseo de venganza, porque esas son semillas que, si las dejas crecer, solo traerán amargura y dolor a tu corazón.
OREMOS JUNTAS
Padre celestial, en el nombre de Jesús, te presento a la mujer que está leyendo estas palabras. Tú sabes el dolor que ha vivido, las heridas profundas que ha sufrido por la ausencia de un padre o madre. Te pido, Señor, que sanes su corazón y le des el poder de perdonar. Ayúdale a honrar a sus padres, aún en medio del dolor, para que pueda experimentar la promesa de una vida plena y bendecida. En el nombre de Jesús, Amén.
Querida amiga, sé que este camino no es fácil, pero es el que Dios ha diseñado para ti. Decidir honrar a tus padres, aunque no hayan sido perfectos, te llevará a un lugar de libertad y bendición que nunca imaginaste.
Gracias por estar aquí, y recuerda que siempre estoy orando por ti. ¡Nos vemos en el próximo blog!
Con amor,
Mariam Delgado