Muchas veces me han visto predicar, enseñar o participar en eventos, pero pocas veces he tenido la oportunidad de contar con calma quién soy realmente, más allá del púlpito. En esta conversación con Janet Chizar, abrí mi corazón para compartir mi historia: desde mi niñez hasta el llamado de Dios y la construcción de un matrimonio con propósito.
Una infancia marcada por el amor familiar
Nací en Cuba en una familia de origen libanés. Recuerdo con cariño a mis padres: amorosos, presentes, siempre poniendo a la familia en primer lugar. A los casi siete años salimos de Cuba por la situación política y nos mudamos a Puerto Rico, donde verdaderamente crecí y me formé.
Mi papá era un hombre de hogar. No era de muchos amigos, pero sí profundamente entregado a su familia y a su trabajo. Él fue una gran influencia en mi vida. Me enseñó desde niña el valor del trabajo y del respeto por los demás.
Una niña traviesa con mucha energía
Siempre fui una niña muy traviesa, muy energética. Me decían “la morita” porque, como hija de libaneses, tenía una personalidad fuerte y vivaz. Dicen que cargaba piedritas en los bolsillos y que nadie se atrevía a meterse conmigo. Aunque me río al recordarlo, esa energía me ha acompañado hasta hoy.
Lecciones que marcaron mi vida
Mi papá me enseñó algo que nunca olvidé: “El cliente siempre tiene la razón.” Desde los 9 años empecé a trabajar en su tienda de ropa, limpiando junto a mi mamá. Más adelante, aprendí a vender, a tratar a todos con respeto, y a no hacer diferencias. Ese consejo me sirvió en toda mi vida, incluso en el ministerio, al tratar con personas de diversas culturas, trasfondos y personalidades.
El encuentro con el amor y con Dios
No fui criada en el Evangelio, pero cuando estudiaba en Estados Unidos, un amigo me invitó a una iglesia. Allí conocí a Cristo, gracias a un mensaje que tocó profundamente mi corazón. Esa decisión lo cambió todo.
En esa misma iglesia, conocí al que sería mi esposo: Alberto Delgado. Él era misionero cubano, y desde el primer momento, su voz me cautivó. Me conquistó con canciones románticas y un corazón sensible a Dios.
Un matrimonio con propósito
Casarse con un pastor siendo nueva en la fe no fue fácil. Recibí críticas, sentí la presión de ser observada, y hasta llegué a pensar en irme. Pero Dios usó personas y circunstancias para fortalecerme. Recuerdo que nadie de mi familia asistió a mi boda, lo cual fue muy duro para mí. Mis padres querían que me casara con alguien “de nuestra cultura”, no con un pastor cubano. Pero Dios tenía otros planes.
Hoy, tras 39 años de matrimonio y 41 de conocernos, puedo decir que hemos construido un hogar sobre la fe, el respeto, la paciencia y la decisión diaria de permanecer. Un matrimonio, como todo en la vida, requiere esfuerzo. Hay que sembrar comunicación, detalles, perdón, tolerancia y mucha oración. No hay fórmulas mágicas, pero sí hay principios eternos. Dios ha sido el fundamento de nuestra relación, y sin Él no podríamos haber logrado nada.
Gracias por acompañarme en este recorrido íntimo y personal. Si esta historia tocó tu corazón, me encantaría leerte en los comentarios y orar por ti.
OREMOS JUNTAS
Pastora Mariam J. Delgado
Querido Padre Celestial, hoy te presento la vida de cada mujer que ha leído este blog. Fortalécela, renueva su esperanza y hazle sentir tu amor incondicional. Al construir sus matrimonios, que encuentren propósito y conexión espiritual. Que cada desafío se convierta en una oportunidad de crecimiento. En el nombre de Jesús, Amén.
Con amor,